La energía, la luz y el espíritu no son lo mismo y se manifiestan de maneras diferentes; no obstante provienen de la misma dimensión, el Universo Espiritual, fuente de toda la abundancia, de la creación, de toda transformación, origen de la inteligencia infinita e ilimitada, del conocimiento absoluto, de toda vida, dimensión eterna donde no existe ni el tiempo ni el espacio, sólo la unidad, donde tú eres yo y yo so tú
La luz está vinculada directamente con la expansión de la conciencia, con la conexión al Universo espiritual, a seres de luz, que no necesariamente encarnan y que se relacionan con nosotros desde el Universo Espiritual. Expandir la conciencia en la dualidad significa sentir, saber y actuar coherentemente. Expandir la conciencia hacia el Universo Espiritual significa abrirse al amor infinito, a vivenciar que todo se crea en mí y desde mi intención creativa. Todos los seres humanos somos creadores. Entonces, el misterio de nuestro vínculo invisible con ese universo es lo que nos inspira a buscar respuestas espirituales, respuestas que se decodifican en conciencia, en información sabia, en abundancia, en la comprensión profunda de saberse parte de ambos universos simultáneamente; cuerpo y yo eterno.
La energía es la fuerza de vida tanto en el Universo espiritual como el dual. Conectados a ella a través de seres de luz o meditando logramos expandir en nosotros esa energía universal que es el amor. Energía que nos hace formar parte de la conciencia unificada, del plan más trascendente: la creación de la realidad a través de la intención creativa. El Universo Espiritual no entregará respuestas en la medida que no nos disociemos de su energía principal, que no admitamos el rol de cocreadores de la realidad. La vida es una creación indivisible y plena de una inteligencia infinita, un diseño de la intención creativa. El monoteísmo llama a esta realidad única Dios; India, Brahma; China, Tao. En todos los casos, el ser humano habita dentro de esta infinita esfera donde están ambos universos, ambas dimensiones de la realidad y sus acciones constituyen el diseño total de la creación. El ser humano no tiene que iniciar exploraciones espirituales para encontrar la realidad única: nuestra vida está sumida en ella. Dios no sólo creó todo, sino que también se transformo en todo, de manera que nosotros somos parte de Dios, somos habitantes de Dios, somos la huella física y espiritual de Dios, partículas de su transformación, somos su intención, su espíritu, su energía y su luz,













Interesante sitio...
creo que leere mas al respecto
Ignacia